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  • Cuesta mucho retirarse. Mucho. No sabes cuánto. Y eso que yo soy una privilegiada que lo hizo cuando quiso y a la que no obligó una lesión. Pero colgar las zapatillas fue durísimo. El deporte es mi vida”. María Vasco llora mientras estruja a su London con ese brazo derecho en el que le lleva tatuado junto a su medalla de bronce. El perro llego a su vida de la mano de su prometido, que se lo regaló poco antes de los que iban a ser sus últimos Juegos Olímpicos, hace algo más de cuatro años. Cuando le entregaron la cartilla de pedigree descubrió que habían nacido el mismo día, el 26 de diciembre. “Y eso fue la señal de lo que llegaría a significar London en mi vida- explica- porque se ha convertido en mi mejor compañero de viaje. No sé que sería la vida sin él. Nuestra complicidad es total. Es un campeón que se levanta muy temprano y entrena conmigo. Es incombustible. Me ayudó mucho cuando decidí retirarme. Me sacaba una sonrisa cuando me veía tan triste”.

    Enlace: sport.es
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